Haciendo cumbre en el Chachani (6075msnm)

 

El Chachani es uno de los volcanes emblemáticos de Arequipa, se puede ver desde muchos de los rincones de la ciudad blanca.
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A pesar de su gran altura, es considerado uno de los picos altos más accesibles, ya que no requiere escalada técnica. Si se necesita, sin embargo, cierto grado de aclimatación para no sufrir mal de altura.
De ahí que mi sufrimiento en el Misti se vería por fin recompensado.
Partimos en 4×4 desde Arequipa, cruzamos la reserva natural de Aguada Blanca hasta llegar a las faldas del volcán.
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Me enfrentaba a mi primer 6.000 y aún considerándome un montañero más bien inexperto, tenía unas ganas inmensas de llegar a esta cifra y sentirme más cerca del cielo que de la tierra.
 El objetivo del primer día de ascensión es aclimatarse. Se comienza a andar sobre unos 5,100 msnm, y se caminan sólo dos horas.
Eramos un grupo muy simpático, una pareja de peruanos y Sebastian ingeniero francés muy variopinto enamorado del Perú.
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Al igual que en el Misti, había que cargar con el equipo hasta el campamento base.

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Una vez allí, montamos las carpas y seguimos subiendo sin mochila  durante una hora para mejorar la aclimatación, cuando bajamos al campamento los guías ya estaban preparando la cena.

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Sopita de verduras que resucitaba a un muerto y tallarines salteados para la ingesta de hidratos. Al terminar la cena, el guía sacó un oxímetro de pulso para ver como estamos respondiendo al temido mal de altura.

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Un oxímetro de pulso mide de manera indirecta el nivel del oxígeno en la sangre y la frecuencia cardíaca.

Los rangos normales en cuanto a la oxigenación van de 95 a 100%, a esa altura lo normal es estar entre 70-80%.

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El aparato dictaminó que nuestra condición física era suficiente como para llegar a la cumbre.

Tomando un té de manzanilla y otro de anís, conversamos durante horas sobre alpinismo,  los picos más altos del mundo y la vida en Sudamerica. José, nuestro guía y gran orador, nos contó anécdotas de rescate y supervivencia que había realizado en la Aconcagua (recordé entonces las aventuras que Carlos Zapatera contaba en su blog cuando ascendió el pico más alto de Latinoamérica por su cuenta).

A las 8 nos fuimos a las tiendas a lo que sería un vano intento de dormir. Dormir a gran altura ( 5.300 msnm)  produce insomnio y no desvelarse durante la noche es todo un reto. Creo que conseguí dormir durante la primera hora, las cinco restantes me entretuve contando las rugosidades del techo de la tienda de campaña. A las 2am nos despertamos para iniciar la marcha.

Comenzamos a ascender bajo la atenta mirada de las estrellas y con un frío del carajo.  Caminábamos muy despacio, casi a la velocidad de un efecto de slow motion. Hay que subir como un viejo para bajar como un joven, se dice en alta montaña. Pero a mí seis horas así se me antojaban interminables.

Habían pasado dos horas cuando vi al bueno de Sebas desplomarse, chocó contra suelo como sólo lo hace un cuerpo inerte. Reaccionó rápido levantándose como el que quiere evitar ser visto en una caída más bien ridícula. Se encontraba bien, pero nos llevamos un susto. Explicó que se le cerraron los ojos, y cuando se dio cuenta estaba en el suelo. La presión también afecta a los oídos, que están directamente relacionados con el equilibrio. El agotamiento hizo el resto.

José ordenó mascar hojas de coca para reactivarnos. La coca, tan efectiva como amarga tarda poco en hacer efecto, y todos empezamos a encontrarnos más fuertes y alertas.

El amanacer se adivinaba entre las coordilleras volcánicas de los Andes cuando llegamos a la mitad de la ascensión.

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Las siguientes horas fueron extenuantes. Cada paso hacía más frío y se notaba más la presión. En cada descanso nos tumbamos, y mascábamos coca. A partir de 5.900 empezamos a ver nieve.

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A pocos metros de la cumbre, tocaba ascender estoicamente. Y así lo hicimos, con más voluntad que fuerza, pero allí estábamos los 4.

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Desde la cima podíamos ver  los volcanes de Misti y Picchu Picchu, la reserva natural de Aguada Blanca, la ciudad de Arequipa y muchos los pequeños pueblos. Si no fuera por la dificultad respiratoria y el frío nos hubiéramos quedado allí horas.

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La cumbre se ha visto afectada por el calentamiento global ,a tal punto que hace unos años perdió sus últimos glaciares. Aún así, me pareció un lugar mágico.

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