Aire nuevo en Cochabamba

Cochabamba fue un bálsamo y  Patri y Salva oxígeno renovador para mis pulmones. Las lluvias y una Paz, por momentos, enrevesada hicieron que encontrarme con Salva no fuese una casualidad. Sólo al despedirme de él (una semana después) entendí que aquel reencuentro se trataba más de una necesidad. Mi gran amigo y hermano de Rubén me abría las puertas de su piso en Cochabamba cuando me encontraba más solo de lo que me hubiera gustado admitir.

El piso situado en pleno centro era angosto ( a excepción de una habitación generosa) cálido y acogedor.  Conocí a Patri y los tres nos pusimos al día intercambiando impresiones de Bolivia y contando historias de forma atropellada. Convivimos por unos 5 días, entre risas, cervezas y comidas caseras.

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Patri y Salva estuvieron un mes y medio en Bolivia, participando en un proyecto llamado Bibliobús que explicaré en próximas entradas. Durante su estancia alternaban su trabajo como voluntarios con esporádicos viajes para descubrir la grandeza de este país.

Me mostraron con orgullo una cuidad que tenía tintes de gustarme mucho.

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Me llevaron a ver el mercado más grande de Sudamérica. Nos adentramos en las infinitas avenidas de la Cancha. Perderse entre sus rincones resultó ser imprescindible para descubrir su esencia. El mercado comprende cuatro  áreas: Fidel Aranibar, San Antonio,  La Pampa, La Paz.

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En ellas se ven diferentes productos, desde ropa, fruta, verdura, carnes, pescados, electrodomésticos, artesanía, pero todos guardan algo en común: el olor.  De lo más putrefacto al mejor de los aromas. Millones de hedores se mezclaban para crear una fragancia todavía no inventada por el hombre y que flota invisible por el mercado y sus aledaños.

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Uno de los días Salva me sugirió la idea de visitar un proyecto artístico y cultural: el mARTadero de Cochabamba.

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Los madrileños os preguntaréis si tiene algo que ver con el Matadero de Madrid. Pues bien, no sólo los nombres guardan un estrecho parentesco, sino que también el edificio, los servicios, programas se asemejan.

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Lo cierto es que me pilló por sorpresa, desconocía quién era réplica de quién o quién nació antes, si el huevo o la gallina. Investigando, recién descubrí que hay muchos más mataderos en el mundo, y que el de Madrid sólo es uno más.

“Actualmente existe una corriente mundial de rehabilitación de la arquitectura industrial para usos culturalesDiversas ciudades del mundo están progresivamente recuperando, mercados, fábricas, estaciones y mataderos, redescubriendo y dándoles un uso creativo destinado al bien social.”

Toda el interior y exterior del edificio y las calles colindantes están repletas de muros con arte social y de carácter reivindicativo.

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we can do it! versión quechua

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Heroínas de hoy, la lucha es diaria.

ELLAS…LAS HEROÍNAS

Una mujer de 60 años, trenzas canosas y voluntad inquebrantable. Era Manuela Gandarillas. Manuela se había enterado que el ejército realista español, comandado por el brigadier José Manuel de Goyeneche, avanzaba hacia Cochabamba. Aquella mañana de mayo, no había hombres en el pueblo. La mayor parte de ellos habían muerto o se encontraban combatiendo por la independencia de Bolivia en las guerrillas de Ayopaya.
Manuela organizó la resistencia de Cochabamba. Pese a su ceguera, comandó el regimiento civil femenino. Madre de dos varones y dos mujeres, y abuela de una niña, Manuela Gandarillas había presenciado, dos años antes, la ejecución de su hermano José Domingo por las fuerzas españolas. La Manuela, como la conocían, vivía en la zona de Caracota, junto al mercado, donde vendía algunos productos. Se había quedado ciega tres años antes por causa de la diabetes.
La historia reconoce a Manuela Gandarillas y a las otras corajudas mujeres que pelearon junto a ella como protagonistas de la independencia boliviana. Manuela fue una mujer valiente que demostró fuerza en las mujeres, defendió su tierra y familia.

 

Otra bonita iniciativa la encontramos de camino al Martadero. pasamos por una plaza donde se venden trabajos de artesanía, bisutería, carpintería, pintura, cerámica realizados por internos de distintas cárceles de Bolivia.

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Para despedirme de Cochabamba me subí al Cerro de Pedro. Famoso por la albergar la colosal estatua de Jesucristo de 34,20 metros de altura y unas vistas increibles de la ciudad de Cochabamba.

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