El volcán Misti: combatiendo el mal de altura.

Pensaba que estaba en forma hasta que me encontré de lleno con el Misti. Mi primera experiencia en alta montaña iba a resultar durísima. Probablemente la actividad física más agotadora a la que me haya enfrentado en mi vida.

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El ascenso a este volcán activo  se hace normalmente en 2 días, en los cuales se realiza una subida paulatina para disminuir el efecto de la altura. Se inicia a los pies del volcán  y se culmina en la cima a 5825 metros sobre el nivel del mar.

Éramos un grupo de cinco: dos americanos, un brasileño, un chino y dos guías peruanos. A primera hora de la mañana cargamos el equipo y partíamos hacía el volcán.

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Para poneros en contexto, el mal de altura es la falta de adaptación del organismo a la falta de oxígeno de la altitud. Dicen que los efectos se pueden percibir normalmente a partir de los 2.400 metros de altitud, hasta la denominada ” zona de la murte” a los 8.000 metros de altitud. La cima del Misti está a 5825msnm. Los principales síntomas del mal de altura son: dolor de cabeza, nauseas, agotamiento físico, insomnio y elevación del ritmo cardíaco.

No habíamos empezado a andar y ya estábamos en 3,400 metros de altura (el pico más alto de España es el Teide 3718 msnm). Comenzamos la marcha despacio pero a un ritmo constante.

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Al problema de la altura había que añadirle el peso de la mochila, cargábamos con todo equipo ( ropa de montaña, comida, chompa, carpa, saco, esterilla, etc). Unos 15kgs nuestras espaladas.

 

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Parábamos a hacer descansos de 20 minutos cada hora para mejorar la aclimatación. A unos 4.000m empezaron a asomar los primeros síntomas del soroche ( así lo llaman en el Perú) : dolor de cabeza y más cansancio de lo normal.

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 Para combatir esos primeros síntomas cada uno llevaba una bolsita de hojas de coca. La hoja de coca es un estimulante y se sabe que induce cambios en nuestro cuerpo que mejoran el rendimiento físico a gran altura. Mascar coca no es una tarea sencilla, tiene su técnica. Nos introdujimos unas 20 hojas en la boca y comenzamos a masticar. Cuando se forma una bola debes dejarlo reposar en tu boca, y masticar de vez en cuando para sacarle el jugo a la planta.

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Lo primero que se nota al mascar es el frescor de la planta, similar a la menta, pero más amargo. Al rato se empieza a adormecer tanto el paladar como la garganta.

Los guías nos preguntaron si teníamos algún test en los próximos meses, hay que tener en cuenta que incluso una taza de té puede hacer que des positivo en cocaína.

Es importante recordar que la hoja de coca fue considerada durante siglos como una planta milagrosa dotada de virtudes extraordinarias, hasta que los occidentales añadiendo químicos crearon la cocaína.

Gracias al efecto estimulante de las hojas, conseguimos llegar a la zona de acampada (4610 m.s.n.m)  después de 4 horas de marcha. A esa altura respirar empezaba a ser costoso. Montamos las tiendas de campaña y los guías nos prepararon la cena.

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Al increíble atardecer que nuestros ojos degustaron le acompañó un cambio drástico de temperatura. Éramos los únicos en el volcán y el silencio era únicamente interrumpido por las profundas respiraciones de sus visitantes.

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Desde la tienda teníamos unas vistas privilegiadas de la ciudad de Arequipa. Mis compañeros de habitáculo eran Reman ( São Paulo) y Xiao ( el chino más gracioso con el que me he cruzado). En seguida supe que dormiría poco y mal, el soroche produce insomnio eran las 6 de la tarde y no tenia ni pizca de sueño.

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Reman y yo compartimos algunas batallas de nuestros respectivos viajes con ronquidos orientales como música de fondo hasta que nos dormimos. Calculo que dormí unas dos horas, y dada la situación no estaba mal del todo. A las 12  nos levantaron para desayunar (dos tazas y media de té de coca, aguacate, queso y pan) e iniciar la marcha hasta la cima. Subiríamos 1,200m en unas 6 horas.

Xiao avisó que se encontraba con nauseas y decidió espéranos en el campamento. No habíamos empezado a andar y ya perdíamos un miembro de la tripulación. Comenzamos la marcha iluminados por nuestros frontales, caminamos una hora y hacíamos descansos para comer y beber agua.

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Las primeras dos horas fueron duras pero estaban dentro de lo esperado. A partir de 5.200 msnm conocí el verdadero peligro del mal de altura. Cada zancada se me hacía un mundo, y mi respiración se entrecortaba convirtiéndose en profundos jadeos. Me acordé mucho de mi abuelo que sufre problemas respiratorios, por primera vez en mi vida pude ponerme en sus piel, y entender lo que es vivir luchando por cada bocanada de aire.

El guía nos recomendó volver a mascar coca. Si el día anterior fueron 20, ahora serian 70 hojas. Directas a la boca, sin pensarlo. Mi primera reacción fue una enorme arcada, pero conseguí hacer una bola y empezar a sacar jugo. El efecto es casi inmediato, continua el sofoco y la sensación de ahogo pero te permite seguir caminando.

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Y así lo hicimos hasta el amanecer, donde empezamos a ver nieve, sólo quedaban 200 metros hasta la cima, pero serían los más complicados. Volvimos a mascar otras 70 hojas de coca, pero el antídoto parecía haber perdido efecto.  Una fuerte presión en la sien como en la peor de mis resacas, mi corazón al borde de un precipicio, extremidades entumecidas por el  frío y una gran extenuación. Tal era el cansancio que me planteé seriamente abandonar cuando me vi gateando sobre una superficie rocosa y pidiendo, por favor, que cayese una botella de oxígeno del cielo. Patético e inolvidable.

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Durante el amanecer, pudimos ver como se reflejaba el volcán sobre la niebla.

Los americanos parecían llevarlo bastante mejor que Reman y yo, sólo decían sentir nauseas y resoplaban de vez en cuando . El brasileño, gran montañero pero tan poco acostumbrado a la altura como lo estaba yo, tampoco parecía estar pasándoselo en grande y nos apoyábamos con frases como : ” ¡Vamos!,  si hay que morir, que sea en la montaña. ”

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Nos levantamos del suelo, sólo quedaba una hora. No podíamos renunciar. Recordé entonces una frase que solía decir mi amiga Bárbara ” pasos cortos, pisadas firmes.” Agaché la cabeza y empecé a caminar, despacio, muy despacio, pero sin pausa.

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Cuando me quise dar cuenta lo habíamos conseguido, estábamos en la cima. Al júbilo de nuestra llegada se unieron los americanos y el guía con un “yes, we fucking made it.” Parecía que llevaban años instalados en el pico.

– Cabrones. Nos reíamos. Lo habíamos logrado.

 

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Disfrutamos del paisaje durante un rato , 360º de belleza insultante. El volcán expulsando humo, una cadena de montañas nevadas al otro lado, y abajo la ciudad de Arequipa, desde la que partimos.

Impresionante,  gracias Pachamama.

Descendimos por otra zona nevada y una espectacular cuesta de azufre.

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En dos horas llegamos al campamento, recogimos las carpas y bajamos hasta los pies del volcán. A las 11 de la mañana llegamos a la ciudad de Arequipa mirando al volcán ya desde la distancia, exhaustos y felices.

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