La ruidosa Ica

Mi paso por Ica sería más bien fugaz, anduve dos días paseando por sus calles. Después de mi visita a Paracas y Huacachina sentí que necesitaba un lugar donde descansar, focalizar la dirección de mi viaje e informarme sobre mi próximo destino: Arequipa.

Ica no es una ciudad que te quita el hipo de golpe, ni te sorprende por su belleza o sus atractivos culturales. No obstante, es una ciudad muy poco turística que consigue mantener las costumbres peruanas casi intactas.

 

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Sus calles no están repletas de hoteles y agencias turísticas, y sí desprenden una gran autenticidad. Es fácil encontrar resturantes  con menús por 3-5 soles ( un euro y algo), librerías, locutorios, pequeñas tiendas y mercados. Pura autenticidad que pierden lugares con tendencia a generar turismo.

Así, el contacto con los locales es más habitual. La gente de Ica es muy chévere. Edgar, que pasa el día leyendo sentado sobre un vidón de agua, me habló de sus libros y me dejo tomar una foto.

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Si hay algo que llama la atención de Ica son sus taxis. El número de taxis que circulan por la ciudad es inmenso. Supera con creces el número de peatones, y el hecho de que el transporte público en Perú sea escaso, hace que su existencia sea imprescindible.

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Se pueden encontrar en carros amarillos, tuk-tuk o bicicletas.

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Son baratos, pero extremadamente ruidosos.  Sus claxónes conforman la sinfonía urbana de Ica. Su uso es indiscriminado. Pitan por todo: para ceder el paso, para avisarte de que se acercan, para saludarse entre ellos. La contaminación acústica es brutal. Además, su forma de conducir basada en la ley del más valiente crea caos y desorden y como peatón te ves en la necesidad de tirarte al paso de cebra para llamar su atención y obligarlos a parar.

Para ser  justos, esto sucede en muchos lugares de Lationamerica y del mundo, pero el Perú y particularmente Ica se llevan la palma.

La Plaza de Armas de Ica es el eje de la ciudad y el atractivo turístico más importante de la ciudad.

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La vida en la plaza es tranquila y apacible.

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Hay vendedores ambulantes y muchos niños limpiabotas. Los chicos, que deberían estar en la escuela y disfrutando de su niñez, pasan la mañana limpiando los zapatos de gente pudiente o que pretende serlo. La abolición del trabajo infantil es todavía una asignatura pendiente en Latinoamérica y curioseando en Internet encontré que “Perú y Bolivia, donde entre un 25% y un 35% de los niños cumplen tareas laborales, lideran los indicadores de trabajo infantil en Sudamérica, según cifras de la Organización Internacional del Trabajo OIT.”

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Ver a los niños uniformados, realizando un trabajo denigrante a plena luz del día me puso de muy mala onda, y también me hizo recordar de un extracto del libro ” Patas Arriba” de Eduardo Galeano que nos acompañó durante el viaje.

“Día tras día, se niega a los niños el derecho a ser niños.

El mundo trata a los niños ricos como si fueran dinero, para que se acostumbren a actuar como el dinero actúa.

El mundo trata a los niños pobres como si fueran basura, para que se conviertan en basura.

Y a los del medio, a los niños que no son ricos ni pobres, los tiene atados a la pata del televisor, para que desde muy temprano acepten, como destino, la vida prisionera.

Mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños.”

 

 

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