Bocas del Toro

Después de una gran noche en Puerto Viejo y  habiendo dormido apenas unas horas pusimos rumbo a Bocas del Toro. Una vez más nos tocaba volver a vivir el tormento de cruzar otra frontera. Vivir la espera con incertidumbre para un simple sello en tu pasaporte. Rellenar formularios, registro de mochila, pagar por entrar, responder a preguntas, cambiar moneda y en la caso de Panamá probar que abandonarás el país en menos de 3 meses. Pero todo esto merece la pena cuando una vez dentro, un armario panameño de dos metros te choca el puño y te dice: “Bienvenido a Panamá Papá. ”  Esos momentos surrealistas que te hacen olvidar las situaciones más incómodas del viaje.

Pasamos la frontera y llegamos a Almirante, y desde allí unos 30 minutos de bote para llegar a Colón, isla principal del archipiélago de Bocas del Toro. Habíamos decidido focalizar nuestra estancia en Panamá en este maravilloso conjunto de islas caribeñas recomendados por la pequeña Itxi, que había estado allí hace unos meses y nos puso la miel en los labios.

Aquí detallamos un plano de Bocas, para que se entienda mejor la distribución de sus islas.

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Aún resacosos, cambiamos a dólares y sin reserva ninguna fuimos buscando un hostel que diera cobijo a este par de mochileros moribundos. Y así, dimos con el “Heike”, realmente un hostel diferente, ¿Qué tenía de diferente? os preguntaréis…Pues bien, para empezar, el hostel por dentro parecía un barco, pancakes para desayunar, Mairon el recepcionista y artesano era el tío mas cool de Panamá y las chicas de la limpieza solo les faltaba abrazarte.

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El hostel también contaba con una terraza muy chill, con sillones y hamacas donde solíamos relajarnos leyendo o simplemente comiendo unos lichis.

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Compartimos habitación con dos alemanes encantadores. Rompían completamente el estereotipo del estricto y ordenado carácter alemán. Con Carmen y Owe vivimos conversaciones sobre viajar, idiomas, deportes,sueños…

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Teníamos varios planes en mente para descubrir a nuestra manera la isla. Uno era llegar hasta “Playa Estrella” en bicicleta. A la mañana siguiente, alquilamos unas bicis a un rasta, y pedaleamos hacia Boca de Drago. Ambos coincidimos que durante la ruta en bici había momentos en los que se paraba el tiempo. Unos 26 kilómetros en los que nuestra única compañía fue la naturaleza.

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Cuando llegamos a playa estrella, esprintamos hacía el mar en busca de las estrellas de las que tanto habíamos oído hablar. Pudimos apreciar su textura, notar como nos agarraban, e incluso observamos su respiración, ¡qué seres más vivos! Por cierto, aviso a los turistas que las sacan del agua para hacerse la foto: más de 5sg fuera se mueren.

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Nos habían comentado que era una playa bastante turística, pero lo bueno que ofrecen estas enormes playas salvajes es que siempre te invitan a alejarte de la civilización y disfrutar de una enriquecedora soledad. Tan primitivamente encantados con estar solos en aquella playa, fantaseábamos con la idea de como sobrevivir, utilizamos la imaginación para que un coco fuera nuestro mejor entretenimiento. Jugamos al chito, hicimos malabares, gimnasia y lanzamiento de coco una mano.

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Muchos viajeros nos comentaron que no has estado en Bocas del Toro si no has disfrutado de Cayo Zapatilla. No se puede acceder a esta isla si no es con un Tour,  así que por 25 dolares pasamos el día surcando los mares en una barca a motor, y haciendo paradas para ver osos perezosos, estrellas y supuestamente delfines, – debían estar echándose la siesta 😦 -.

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El Tour también incluía actividad de snorkel en un colorido arrecife de coral . Nos encanta el agua y su vida marina.

 

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El Tour dejaba lo mejor para el final, Cayo Zapatilla fue simplemente impresionante. Os dejamos una panorámica aérea sacada de Google para que podáis apreciar la magnitud de su belleza.

 

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Rodeamos toda la isla, nadando, corriendo como locos, trepando como monos, dejando mensajes de amor a una tierra querida y pasándolo pirata del Caribe.

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De los cuatro días que pasamos en Bocas del Toro dos fueron lloviendo, de esas lluvias tropicales que no paran en todo el día, pues es temporada de lluvias en el Caribe. Dos días encerrados en el albergue estando de vacaciones. En otro momento nos hubiéramos vuelto locos, pues somos muy inquietos y cada día para nosotros es un estímulo y una aventura nueva. Pero este viaje, nos está ofreciendo y regalando momentos para nosotros mismos, simplemente el estar balanceándote en una hamaca escuchando la lluvia y leyendo, resultó ser una planazo.

“El verdadero viajero encuentra que el aburrimiento es más bien agradable que molesto. Es el símbolo de su libertad –su excesiva libertad-. Él acepta su aburrimiento, cuando viene, no como mero principio filosófico sino casi con placer”.  Aldous Huxley

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4 respuestas a “Bocas del Toro

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