Tulúm

Tulúm es de esas ciudades que te atrapan, combina playas del Caribe con arquitectura Maya y aún conserva parte de esa autenticidad que los destinos más aclamados van perdiendo según abren sus puertas al turismo. Teníamos pensado estar un día pero decidimos quedarnos tres, estuvimos alojados en “El jardín de Frida”, donde encontramos el lugar perfecto para encontrar la paz con uno mismo.

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En nuestra primera tarde en la playa, le compramos un par de cocos a Román, quién resultó ser un gran descubrimiento y alguién del que aprendimos mucho en poco tiempo. Nos habló de la rápida transformación de Tulúm en los últimos años, nos contó que por aquel entonces las playas eran vírgenes y que vivía de lo que pescaba y de lo que agarraba en algún cocotero. Hoy en día, gracias al turismo Román gana más dinero pero le apena ver la contaminación en su propio hogar. Lo mejor de Román era su sentido del humor, ¡buenas risas nos pasamos con ese pinche cabrón! 🙂

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De camino a casa, “accidentalmente” conocimos a una incombustible viajera de Rosario (Argentina), estuvimos platicando sobre la idea de que nadie se cruza por casualidad. Mariana y su sonrisa supusieron un chute de energía positiva.

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Al día siguiente decidimos alquilar unas bicis con ella y hacer una ruta guiada con Román que incluía ver las ruinas desde el mar y visitar un arrecife de coral haciendo snorkel, lo que nos permitió ver de primera mano la diversidad marina del Caribe.

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Hoy dejamos Tulúm y ponemos rumbo a Palenque, que la aventura continue.

Desde el punto de vista del búho, del murcielago, del bohemio
y del ladrón, el crepúsculo es la hora del desayuno.

La lluvia es una maldición para el turista y una buena noticia para el campesino.

Desde el punto de vista del nativo, el pintoresco es el turista.

Desde el punto de vista de los indios de las islas del mar Caribe,
Cristóbal Colón, con su sombrero de plumas y su capa de terciopelo
rojo, era un papagayo de dimenciones jamás vistas.”

Eduardo Galeano.

 

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One response to “Tulúm

  1. Y pensar que no pedí permiso al pasar para no distraerlos de su relajado caminar, pero esta novata en el arte de saber pedalear una bici sin frenos en el “volante” casi terminó sobre la tupida floresta a no ser por el acto reflejo de quién reacciona rápidamente para prestar ayuda genuina, aquella que aflora naturalmente. ¡Y vaya que lindo fue conocerlos! Las fotos hablan por sí solas, son la muestra de la afinidad de personas sanas, felices, en busca de nuevas y enriquecedoras experiencias. Que este viaje que han emprendido les rinda miles de pequeños detalles que los hagan decir “valió la pena dejar la comodidad y salir a conocer estas tierras americanas”.
    “Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar…
    Caminante son tus huellas el camino y nada más, caminante no hay camino, se hace camino al andar”.
    Éxitos,
    Mariana Gisela Sensi

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